La Técnica Alexander fue desarrollada hacia 1890 por el australiano llamado Frederick Matthias Alexander (1869-1955). Como actor joven promesa, Alexander debía hacer frente a un problema que podía poner fin a su carrera- perdía la voz a medida que la función avanzaba, al punto de ser incapaz de emitir sonido alguno. Consultó a varios doctores, pero ninguno pudo diagnosticar el origen de su problema. Si no había problema médico, Alexander pensó que podría estar haciendo algo erróneo con su aparato fonador mientras recitaba. Con la auto-ayuda como única herramienta de trabajo, decidió observar la manera en la que recitaba y hablaba para ver si podía localizar la disfunción y poder solucionar así sus problemas.

Lo que surgió de este experimento que le llevó varios años de investigación fue más que una técnica vocal. Poco a poco Alexander se dio cuenta de que el funcionamiento de la voz dependía del correcto equilibrio de tensión de todo su sistema neuromuscular, desde la cabeza hasta los pies. Alexander desarrolló esta técnica que estimula y mantiene el equilibrio gracias a una atención consciente, un control consciente constructivo: una técnica que se puede aplicar a un gran número de disfunciones, problemas y deseos. Este equilibrio es extremadamente importante en toda coordinación y otras funciones tales como la respiración, postura, libertad de las articulaciones en el movimiento de todo el cuerpo, utilizando brazos y piernas para actividades concretas, manteniendo la calma bajo presión, y manteniendo además una buena salud.

Una vez que los demás observaron también mejoras en la salud y rendimiento empezó a enseñar su técnica a aquellos que acudían a él en busca de ayuda. El tiempo dedicado a la enseñanza de su técnica, en Melbourne primero y después en Sídney, se hizo cada vez más frecuente hacia 1894 hasta que la enseñanza se convirtió en su única ocupación- En 1904 se trasladó a Londres, donde trabajó hasta su muerte en 1955.

Es un trabajo objetivo por excelencia, no se trata de juzgar sino de ver qué sucede en el proceso concreto y ver de qué manera puedo cambiar ese proceso.

El uso afecta al funcionamiento, y el funcionamiento afecta al resultado.

La calidad de nuestro “uso de nosotros mismos” tiene un efecto profundo en la manera en cómo somos las 24 horas del día. Varios ejemplos de bajo rendimiento, dolores musculares, malas posturas, se ven agravados o incluso causados por un pobre uso habitual de nosotros mismos. Gracias a la Técnica Alexander aprenderemos a utilizarnos de una manera más inteligente y eficiente.